La mayoría de los estudios lo descubre al cerrar, cuando ya no se puede hacer nada. Plomada te lo muestra mientras la obra respira: honorarios, fee, y cada imprevisto que se lo está comiendo.
El Excel de pagos dice una cosa, el del presupuesto otra, y el del cliente ninguna. La respuesta honesta tarda una noche — y dura hasta el próximo pago.
Un imprevisto acá, una seña sin imputar allá. Entre certificado y certificado, la ganancia se achica sin que nadie firme esa decisión.
Recién al terminar la obra aparece el número real. Si dio bien, suerte. Si dio mal, ya está — nadie puede volver a marzo.
Cada pago que cargás mueve un número que te importa: cuánto va dejando la obra. No un reporte que armás a fin de mes — una pantalla que está siempre al día, al centavo.
| Honorarios devengados | US$ 30.000,00 |
| Fee de obra ganado | US$ 4.261,44 |
| Margen de contratos | US$ 1.500,00 |
| Imprevistos absorbidos | (US$ 766,31) |
| Posventa | (US$ 444,44) |
| Contribución de la obra | US$ 34.550,69 |
Pesos y dólares con el tipo de cambio de cada hecho. Nada valuado “más o menos”.
¿Lo paga el cliente, el fondo, o fue error del estudio? La pregunta se responde una vez y queda escrita.
Partida doble que cierra en cero después de cada operación. No es una planilla linda: es un libro que no sabe mentir.
Un pago se registra en diez segundos — obra, monto, listo. De ahí en adelante todo se acomoda solo: el presupuesto lo descuenta, la cuenta del proveedor lo refleja, el fee se devenga, y la seña que quedó sin destino espera con nombre y apellido hasta que el trabajo exista.
El estado de cuenta de la obra como el de tu Excel — pero que no se rompe cuando alguien toca una celda.
Aprobado, terminado, cancelado. Un contrato que terminó más barato deja su diferencia donde corresponde: en tu margen.
La plata que salió y todavía no compró nada queda a la vista hasta imputarse. Nunca más “¿y estos dos palos?”.
Administrás plata ajena — que se note lo bien que lo hacés. La cuenta del cliente se arma sola: qué puso, qué se pagó, qué queda. La reunión de rendición deja de ser un momento incómodo y pasa a ser tu mejor argumento de venta.
Aportes, pagos y saldo. Sin jerga contable, sin las cuentas internas del estudio.
Lo que el cliente ve y lo que el contador ve salen del mismo lugar. Imposible que se contradigan.
La obra termina con una liquidación clara: se le devuelve, se le cobra, se firma. Siguiente obra.
| Aporte12/03 | $ 8.000.000 |
| PagoEstructura de hormigón | ($ 5.544.000) |
| PagoInstalación sanitaria | ($ 1.780.000) |
| Aporte04/04 | $ 6.000.000 |
| Disponible en su obra | $ 6.676.000 |
Sin “agendá una demo con un consultor”. Sin implementación de tres meses. Nacido adentro de un estudio real que administraba sus obras en Excel — como el tuyo.